Venezuela - Sábado 19 abril, 2014

Opinión - 5 julio, 2012 | 12:00 AM

El último timbre

Desde hace algunos años he venido presenciando lo que los adolescentes cursantes del 5to año de bachillerato, llaman el “Último timbre”. En Venezuela es una tradición. El alborozo es total. La algarabía inunda los pasillos y canchas de las instituciones dedicadas a la formación de estudiantes. No es para menos. Son unos cuantos años, meses, semanas, días y horas, oyendo el timbre que indica que ha llegado el momento del recreo, del receso. Para muchos es la señal de salir del salón de clase para la merienda. Para otros estudiantes, es el timbre del desahogo. Significa el descanso de las asignaturas que le “atormentan”.

Es un indicador de que llegó la hora para irse a su casa a descansar del discurso del profesor o profesora. Muchos son los que esperan el tañido de la campana (en algunas instituciones la usan para indicar el final de la jornada), para escaparse con sus compañeros al cyber, a la plaza más cercana, al parque para compartir momentos que en la escuela o liceo no lo pueden hacer. En fin, el timbre es el “amigo” de los estudiantes. Es el salvador en una exposición. De un examen en algunas de las “tres marías”: Física, Química o Matemática.

En esta semana recién finalizada, pude observar con detalle, a un grupo de estudiantes de 5to año que presentaban el último examen de su largo bachillerato. Cinco años dentro de las aulas oyendo el bendito timbre. La algarabía me trasladó a mis tiempos de estudiante en la educación media allá en la ciudad de Caracas. Eran otros tiempos. Ahora la forma es totalmente diferente de celebrar. La planificación es espontánea. Existe lo que denominan la “piscinada”, caravanas de automóviles, motos y hasta en bicicletas van los que egresan este año del subsistema de educación básica venezolano. Es decir, es una fiesta juvenil.
Este último timbre también apunta hacia una nueva rutina.

Es la educación superior la que espera a muchos de estos estudiantes. Es otra vida. Otro espacio del conocimiento. Hay mayor exigencia. La generalidad de estos adolescentes que recién egresarán como bachilleres, desconocen el espectro universitario. Algunos representan el talento y la sapiencia adquirida durante su pasantía por las aulas de sus respectivas unidades educativas, otros por el contrario, lucharán por mantenerse en el espacio de la educación superior. Todos son esperados por el Aula Máter. Habrá quienes ingresarán en institutos o tecnológicos universitarios, pero en fin, es la educación superior que espera por ellos. Obviamente, muy pocos son los que no continúan estudiando. Lástima.

Porque nuestra Venezuela necesita, más que nunca, y en virtud de la expansión de las nuevas tecnologías, de información y nuevos conocimientos, a esos muchachos y muchachas con una visión hacia una sociedad que requiere de ellos. Tan sencillo como eso. Desde este rincón andino, mis mayores deseos porque logren ser grandes hombres y grandes mujeres dignas, al servicio de la nación que les vio nacer. Mucho éxito a todos ellos.
alfredo.monsalve10@hotmail.com
@monsalvel
Alfredo Monsalve López


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