Fenómenos sobrenaturales en el Táchira

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José Antonio Pulido Zambrano

“Si dispusiera de otra vida, la consagraría al estudio del ocultismo, mejor que al psicoanálisis” – escribía Freud a Ernest Jones. Esta frase la recupero para disentir un tanto con lo que el común llama “la verdad”. Temas escurridizos que para muchos entran en lo cursi pero para otros son vivencias muy cercanas y reales. El lector dirá que en un país que está en un constante carnaval político, a qué viene preocuparse por estos temas. Pero, en un país polarizado como el nuestro seguimos encontrando que la creencia en entes del más allá es posible. Un lado del país está a la espera de los pronósticos de un profeta de los tiempos del internet, esperando cambios desde lo inexplicable, sin saber que el cambio radica en cada uno de nosotros. Por otro lado, está una parte que busca traer fantasmas del pasado para construir país, sin saber que el cambio – lo vuelvo a repetir – radica en cada uno de nosotros. Pero dejemos para los analistas políticos este tema. Conversemos mejor de un tema que circunda y todos conocen: lo sobrenatural.

Al hablar de lo sobrenatural en el Táchira, pensamos en Lolita Robles de Mora, quien registró hechos que ella catalogó “leyenda”. En días pasados fui invitado por un amigo escritor a la Sociedad de Investigación Psíquica del Táchira – me reservó los nombres reales, para que la comunidad científica y académica nos los crucifique en la cruz del hazmerreir-, son un grupo que estudia esos fenómenos. Me señalaba uno de los integrantes que: “los tachirenses creen en la existencia de fantasmas, aunque hay unos que se contradicen pues no aceptan, sin embargo, la idea de la supervivencia del alma”.

Días atrás de este encuentro, un familiar me decía: “…ayer murió mi hermana, y no me lo va creer, el día anterior me pareció verla pasar por la cocina”. Parece ser que la aceptación de los hechos paranormales depende, sobre todo, de la experiencia personal, ante este comentario recordé que de chico viví algo similar, la casa de mi pueblo fue asolada por un ventisquero, detrás de ello vino un olor a sal y flores marchitas, a las dos horas le avisaron a mi padre que su mejor amigo había muerto en el mar. Mi papá sólo expresó: ¡Ya lo sabía, él vino ese rato a despedirse de mí, yo lo sentí!

Quizá para muchos amigos de la academia este artículo les pueda sonar ridículo, pero ¿quién no ha tenido un sueño premonitorio? ¿Quién no se ha enfrentado alguna vez a un hecho considerado como paranormal? En más de una ocasión he oído la frase: ¡Esto parece que ya lo había soñado! Lo que aquí está en juego es la credibilidad. Pues sea cual sea el medio cultural al que se pertenezca, siempre existe eso que Lolita llamó “leyendas”. Todos han visto, tocado, escuchado, controlado hechos sobrenaturales, pero ciertamente muchos que han vivido estas experiencias no la hablan ni la comentan, ya sea por miedo a la burla, temor a comprometer su credibilidad, no comentan. Sólo basta decir que si lo que consideramos definiciones “razonables” del universo fueran exactas, la ciencia ya habría resuelto estos misterios hace siglos y no es así.

Mientras la ciudad (otrora de la cordialidad) continúa en su avance histórico, eso sí, envuelta en colas (carros, humanos) para arroparnos en la desidia, pues la niebla se fue y los hedores de basura quedan, la Sociedad de Investigación Psíquica del Táchira busca explicaciones y dicen que cuando en una ciudad hay muchos muertos el ectoplasma empieza a heder.

Las leyendas urbanas continúan, un ejemplo palpable “la niña fantasmal que cantando coros angelicales camina los pasillos nocturnos del Sambil”. Heráclito dijo en su tiempo: “Si no prestamos atención a lo inesperado no lo descubriremos jamás”.

José Antonio Pulido Zambrano

Rosayespinas@hotmail.com