Cultura - 2 abril, 2012 | 12:00 AM
Proyecto de país en clave de novela
Un proyecto de país convertido en novela, fraguada por el ímpetu juvenil tachirense que no para de soñar y crear, cobra vida en “Las Tierras de Contaconté”, novela del joven Emmanuel Rincón, editada con el apoyo de la Gobernación del Táchira, disponible en las principales librerías de San Cristóbal.
Este joven empresario de 21 años y próximo abogado de la República, de la Universidad Católica, quedó enganchado a la escritura por alrededor de ocho meses, en jornadas que a veces se extendían por 10 horas, hasta completar las 665 páginas de esta reconstrucción de un país imaginario que puede ser Venezuela u otro del mundo.
Desde finales del liceo, ya la idea literaria venía gravitando por su mente e incluso surgieron 20 páginas, desechadas posteriormente, y un título en el que perseveró hasta la actualidad: “Las Tierras de Contaconté”.
No sólo resulta significativa esta obra, por ser rayo de luz en la alborada de la literatura tachirense del siglo XXI, sino por enrumbarse en un género de por sí difícil, que se engrandece en ropajes épicos.
Todas las inquietudes inspiradas por la Venezuela de hoy en los jóvenes -cuando la apatía no gana la partida-, algunos las vierten en la acción política, otros en el discurso proselitista; en cambio Emmanuel parió personajes de sus preocupaciones personales y los puso a caminar en el sendero de los sueños; porque quien no sueña un país, no tiene autoridad para transformarlo.
Así nos lo dice en sus propias palabras:
–Me gusta escribir para transmitir una idea; a través de los personajes yo manifiesto, según mi perspectiva, mi manera de pensar sobre cómo se puede mejorar nuestro país. Los problemas que caracterizan a la humanidad están reflejados en este libro y, a su vez, sugiero soluciones.
Las reflexiones del escritor, diseminadas a lo largo de la novela, parten desde la perspectiva más correcta de la realidad que es la historia, y el primer letiv motiv -no el único obvio- es Venezuela, ese paraíso que descansa sobre un tesoro que nadie ha sabe definir como bendición o maldición, como impulso del progreso o cómplice del facilismo.
A modo de la familia Buendía, en Cien Años de Soledad, los Contaconté se embarcaron en el exilio, huyendo de la injusticia y la arbitrariedad, para en una isla encantada refundar una nación. Evidentemente los esplendores fundacionales, las buenas intenciones iniciales, las ensombrecerían la codicia, la corrupción, la inoperancia y la ley del menor esfuerzo.
Este paralelo entre genealogía familiar y construcción de una nación ha sido una constante de la novelística del siglo XX como se percibe en La Muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes; El Jardín de los Finci-Contini, de Giorgio Bassani, o Los Buddenbrook, de Thomas Mann, quien la escribió con apenas 25 años logrando de inmediato el reconocimiento de la crítica.
La novela va forjándose precisamente en el marco de sus estudios de derecho, por eso quisimos preguntar al autor si en algo sus conocimientos universitarios influyeron.
–El libro va describiendo de qué manera se va formando una sociedad. Esa formación parte de la costumbre y esa costumbre se va convirtiendo en derecho y en leyes: por ahí pude forjarme la idea de la creación de una sociedad.
Freddy Omar Durán
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