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Venezuela - Martes 22 julio, 2014

Infogeneral - 4 febrero, 2013 | 12:00 AM

21 años después de aquel 4 de febrero

General Fernando Ochoa Antich, durante el golpe del 4-F.

Fue un martes 4 de febrero de 1992, hace hoy 21 años, cuando  un grupo de militares, comandados por el actual Presidente de la República, Hugo Chávez, ejecutó un intento de golpe de Estado en Venezuela, contra el entonces presidente constitucional Carlos Andrés Pérez.

La historia reseña que los “objetivos no fueron logrados, ¡por ahora!”, con la rendición de los protagonistas y la frase que catapultó a su principal figura.

Entre los oficiales alzados que comandaron esta maniobra se encontraban, principalmente, cuatro tenientes coroneles del ejército: Hugo Chávez, Francisco Arias Cárdenas, Yoel Acosta Chirinos y Jesús Urdaneta.

El ministro de la Defensa de aquel tiempo era el general Fernando Ochoa Antich, quien fue el encargado de negociar con el comandante Chávez su rendición.

De esta historia, Ochoa Antich escribió un libro, titulado “Así se rindió Chávez”, en el cual cuenta los pormenores de dicha negociación y cómo se incumplen las órdenes del presidente Pérez, lo cual catapultó la rebelión como una leyenda popular que perdura aún hoy día.

En el libro del entonces ministro de la Defensa, se reseña la llamada telefónica de aquel amanecer del 4 de febrero y las conversaciones previas a la rendición de los rebeldes.

Carlos Andrés Pérez, Presidente constitucional en 1992.

6:30am, el ministro  Fernando Ochoa Antich, en Miraflores, y el teniente coronel Hugo Chávez, en el Museo Militar de Caracas… la llamada telefónica con la que se definía si habría más sangre.

-Chávez, ¿qué ha pensado? Si continúan los enfrentamientos, usted será el único responsable.

-Mi general, necesito garantías para rendirme…

-”Échele plomo, bombardéelo”, había ordenado el presidente Pérez ante la renuncia de Chávez a rendirse (refiere Ochoa Antich en su libro).

El ministro -según relata-, retrasó la orden con la intención de evitar más muertos. En su lugar, mandó a la aviación a sobrevolar el Museo. Quería presionarlo, asustarlo, obligarlo. El estruendo de los F-16 ya se sentía en toda la ciudad. Pero Chávez resistía.

-La Aviación, la Armada y la Guardia Nacional se mantienen leales al gobierno. Sólo algunas unidades del Ejército se han insurreccionado… “Si continúan los combates, usted será responsable de los muertos. Ríndase de inmediato, Chávez, u ordenaré que la Aviación bombardee  el Museo”.

Según Antich, los golpistas contaban con posibilidades de éxito, a pesar de su fracaso en Caracas. Las unidades sublevadas en Maracay, Valencia y Maracaibo tenían suficiente poder de fuego para un largo combate. Influir psicológicamente en Chávez, explicó,  era determinante en ese momento. “Había que hacerle saber que todo estaba perdido. Lograr su rendición desmoronaría el resto del movimiento. Y así fue”.

-Mi general, necesito garantías…

-Las tiene, Chávez, sus derechos y los de los suyos serán respetados…

-Mi general, me rindo.

Allí terminó la conversación sobre las 8:00 am.

Hugo Rafael Chávez, durante su discurso en televisión el 4-F.

Se relata que aunque se rindió cerca de las 6:30 am, Chávez salió del Museo Militar hora y media después. El ministro Ochoa Antich ordenó a uno de los suyos que lo fuera a buscar al Museo y lo llevara detenido hasta el Ministerio de Defensa. Escogió al que creía de más confianza. Se equivocó.

El general Ramón Santeliz Ruiz, jefe de Planificación del Ministerio de Defensa, es asesor y amigo personal de Ochoa Antich. Es más: padrino de confirmación de uno de sus hijos. En la madrugada, se presentó por su cuenta a Miraflores, luego de conocer sobre el golpe y se sumó a las negociaciones.

Antes de que Chávez se diera por vencido, Santeliz fue enviado por el ministro al Museo Militar en dos ocasiones, con la tarea de intentar convencer al teniente coronel de que se rindiera.

Lo escogieron a él por tres razones: estaba en el momento indicado, era persona de confianza; pero además, porque conocía a Chávez. Santeliz había dado clases de Ciencias Políticas en la Academia Militar. Allí entabló amistad con Chávez y Francisco Arias Cárdenas, otro de los cuatro comandantes del golpe. El presidente Pérez estuvo de acuerdo en su mediación y en que fuera él quien detuviera a Chávez.

Santeliz va en un vehículo particular con Chávez, acompañado sólo de Fernán Altuve Febres, un funcionario del ministerio también de suma confianza. La orden fue clara: debían ir del Museo directo al ministerio. Un trayecto que se completaría entre 10 y 15 minutos, tomando en cuenta que las vías de la capital están completamente despejadas por la contingencia. Pero al final tardarían hora y media más en llegar al mencionado despacho.

Extrañamente, el vehículo se desvía y hace una parada en la Proveeduría de las Fuerzas Armadas, ubicada en la entrada de la autopista Caracas- La Guaira. Allí los custodios permiten que Chávez se despida, con un discurso, de un batallón que se había sublevado. Una extraña  concesión para un detenido por rebelión. Sucede otro hecho curioso: Santeliz y Altuvez (cuenta luego Ochoa Antich en su libro) permiten a Chávez bañarse, cambiarse de uniforme y afeitarse. Además, consienten que conserve su fusil y su pistola de reglamento. Luego de todo esto, parten, ahora sí, rumbo al ministerio.

La explicación de esta situación la daría Chávez 19 años después, en agosto de 2011. “Un viejo conspirador, el general Santeliz Ruiz, que estaba ahí, era asesor del ministro pero estaba con nosotros… Me ayudó mucho ese día… Nunca olvidaré todos esos gestos de coraje”, confesó en entrevista a José Vicente Rangel.

Fernán Altuve también aclaró luego el retardo en el traslado, en entrevista publicada por el diario oficialista Ciudad Caracas (18 de febrero de 2012): “Ganamos unas horas durante las cuales se ensayó el “por ahora” y se discutió por qué Chávez debía ir al ministerio de la Defensa con todas las televisoras y radios para que lo vieran vivo. El compadre de Ochoa Antich estaba con los golpistas.

Relatos del libro

Parte del Alto Mando militar está reunido en la oficina del almirante Elías Daniels, inspector general de las Fuerzas Armadas. Están en Fuerte Tiuna, sede del Ministerio de Defensa. Es aquí donde se discuten las  maniobras finales para lograr la rendición de las últimas unidades sublevadas.

El ministro Ochoa Antich no está en el encuentro; pero atiende la situación desde Miraflores. Quienes sí están son el general Santeliz y el teniente coronel Chávez, quienes llegaron cerca de las 9:30 am al ministerio.

La presencia de Chávez en el encuentro le permite conocer en detalle las dificultades que presenta el gobierno para terminar de restablecer el orden. A esta hora, ya toda la situación en Caracas está controlada, pero Valencia, Maracaibo y Maracay siguen renuentes.

“¡Patria o muerte!”. Con esta consigna, los rebeldes cortan todas las llamadas realizadas por el Alto Mando. Surge la opción de bombardear a las guarniciones alzadas, pero se rechaza la idea, con la misma consideración por la que no se había bombardeado el Museo Militar: es necesario evitar más sangre. Pero que ellos no actúen no obliga a los golpistas a mantener la misma actitud.

El almirante Daniels llama al ministro Ochoa Antich  para informarle que una unidad de tanques dirigida por los golpistas mantiene rodeada la base Libertador, en Aragua, que se había mantenido leal al gobierno del presidente Pérez.

El ministro pregunta si alguna de las otras unidades se ha rendido. Daniels le informa que el teniente coronel Jesús Urdaneta Hernández, otro de los cuatro comandantes de la intentona y encargado del movimiento en Aragua, tampoco se quiere rendir.

Daniels le hace saber a Ochoa que el enfrentamiento en Maracay parece inminente y que los demás golpistas se mantendrán firmes en sus posiciones. Es entonces  cuando  le comunica la idea al ministro:

-El alto mando militar recomienda presentar ante los medios de comunicación al teniente coronel Chávez,  para que haga un llamado a las unidades insurrectas pidiendo su rendición.

A las 11 de la mañana

Todo sucede muy rápido. Ochoa Antich le comunica al presidente Pérez la idea de presentar a Chávez ante los medios: “Puede iniciarse un combate de consecuencias impredecibles”. El jefe de Estado aprueba la acción, pero con una condición dictada por la prudencia.

-Ochoa, lo autorizo, pero antes graben el mensaje.

El ministro llama de nuevo al almirante Daniels y le explica la condición del Presidente. “Ochoa, no hay tiempo. Si no lo hacemos de inmediato, comenzarán los combates”, responde Daniels. He allí el error: Ochoa y el alto mando resuelven desobedecer al Presidente y permiten a Chávez, sin mayor control, hablarle al país. Un error que partiría la historia en dos.

“Siempre he creído que en la oficina del almirante Daniels se organizó una miniconspiración para influir en el alto mando militar y facilitar de esta manera que se permitiera la presentación de Hugo Chávez en la televisión”, dice Ochoa en  su libro.

Según Ochoa Antich, los golpes de Estado son así: “Están los que conspiraron pero no se alzaron, los que no conspiraron, pero que al final simpatizaron con el golpe, y aquellos que sí conspiraron y colaboraron con la intentona pero que nunca fueron descubiertos…. Las verdades de la historia siempre se conocen a medias”.

Ochoa confiesa que nunca se imaginó el impacto popular de esta declaración. Pero reconoce que la influencia de aquella proclama en los cuarteles la sintió de forma inmediata. “Todo se alborotó”.

—Ese día: la forma altiva de su mensaje; que se le haya permitido comparecer perfectamente uniformado, sin evidencias visuales de haber sido derrotado; y lo conciso de su mensaje. “¿Cómo pudo ocurrir esto? Es sin duda uno de los enigmas del 4 de febrero”.

Augusto Medina