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Venezuela - Jueves 24 julio, 2014

Nacional - 12 febrero, 2014 | 10:07 AM

A 200 años de la batalla de La Victoria, José Félix Ribas es sinónimo de juventud y patriotismo

4e9cf704-18ef-4ed7-bf34-a2329932fc99“El General José Félix Ribas, sobre quien la adversidad no puede nada, el héroe de Niquitao y Los Horcones, será desde hoy titulado El Vencedor de los Tiranos en La Victoria”, fueron las palabras del Libertador, Simón Bolívar, para enaltecer a quien logró derrotar las fuerzas conservadoras de José Tomás Boves, el 12 de febrero de 1814, en el estado Aragua.

Ese fue el general Ribas, un hombre de fe, sabiduría, fortaleza, coraje y valentía, que con su verbo apasionado despertó la conciencia de jóvenes, seminaristas y estudiantes para que defendieran la patria del imperio español.

Nació el 19 de noviembre de 1796 en Caracas, sus padres fueron Marcos Ribas y Bethencourt y de Petronila de Herrera.

El 1 de febrero de 1796 se convierte en pariente de Simón Bolívar al contraer matrimonio con María Josefa Palacios, tía del Libertador.

Su actividad militar fue fulgurante desde 1810 hasta el día de su muerte. En 1812, bajo las órdenes de Francisco de Miranda, encabezó una campaña contra el militar español Domingo de Monteverde. Tras la pérdida de la Primera República, ese mismo año, se vio obligado a emigrar a Nueva Granada (Colombia), donde sus méritos no se vieron opacados y siguió la lucha contra los realistas desde esas tierras.

Hombre de liderazgo

La gloria ya se avistaba para José Félix Ribas durante el inicio de la Campaña Admirable, con la victoria obtenida en la batalla de Niquitao, estado Trujillo, donde derrotó al jefe español José Martín, y luego de una participación destacada en Los Horcones, Lara.

Estas dos batallas fueron el preámbulo de su más grande hazaña: la defensa de La Victoria, estado Aragua, donde, con su frente joven e independentista, hizo retroceder a José Tomás Boves.

“Ribas siempre tomaba la ofensiva en el campo de batalla. Las crónicas de la época señalan, que era de los jefes que entraba a la contienda a pelear y a infundir ánimo a los soldados”, relata Vinke.

El parte oficial que ofreció Ribas, luego de la batalla y que recoge la Gaceta Oficial del 24 de febrero de 1814, dio luces sobre su talante patriótico y de liderazgo: “Toda la tropa y oficialidad han mostrado el mayor valor, y han dado a conocer a los enemigos de la libertad americana, que en cualquier parte donde se tremole el estandarte de la República, serán destrozadas sus fuerzas por enormes que sean. Boves en persona mandaba la acción, a quien se le han cogido todos sus libros de órdenes”.

No en vano su biógrafo, Juan Vicente González, lo llamó “el alma de la República”. La arenga pronunciada por Ribas para animar a su tropa pasó la historia por el ímpetu de su discurso. “Soldados: Lo que tanto hemos deseado va a realizarse hoy: He ahí a Boves. Cinco veces mayor es el ejército que trae a combatirnos; pero aún me parece escaso para disputarnos la victoria. Defendéis del furor de los tiranos la vida de vuestros hijos, el honor de vuestras esposas, el suelo de la patria; mostradles vuestra omnipotencia. En esta jornada que va a ser memorable, ni aun podemos optar entre vencer o morir: ¡Necesario es vencer! ¡Viva la República!”.

La lucha continúa

En los días posteriores a la batalla en tierras aragüeñas, el Libertador quiso halagar a Ribas nombrando Capitán del Ejército a su único hijo, José Félix Valentín de la Concepción Ribas y Palacios, nacido después de 15 años de matrimonio con Josefa Isidra Palacios y Blanco.

Este hijo de Ribas y primo hermano del Libertador, a quien para la fecha de su nombramiento le faltaba un día para cumplir los tres años de edad, es el oficial más joven que ha tenido el Ejército de Venezuela, reseña Vinke.

En el camino, llega a un poblado llamado Jácome, cerca de Valle de la Pascua, estado Guárico, allí decide enviar al criado Concepción González a buscar provisiones. Al llegar al pueblo, González delató al “Vencedor de los Tiranos”, quien fue detenido, mientras que el sobrino y su criado fueron asesinados en el lugar.

A Ribas lo trasladan al poblado de Tucupido, también en Guárico, donde un teniente de apellido Barrojola ordena su muerte inmediata.

El cuerpo de José Félix Ribas fue despedazado y sus brazos y piernas fueron colgados en árboles que bordeaban el camino real de Guárico. Su cabeza fue freída en aceite y enviada a Caracas a donde llega el 14 de marzo de 1815 para ser exhibida en la Plaza Mayor durante dos semanas, como una acción de amedrentamiento del imperio español a los patriotas que continuaban la lucha independentista.

 

(AVN)