Opinión - 28 mayo, 2012 | 12:00 AM
Alcabalas
Aunque en estricta acepción etimológica son tributos o impuestos de índole fiscal, en Venezuela y Colombia identifican desde remotos tiempos oscuros a retenes o puestos policiales en carreteras o confines fronterizos. Sólo para vigilar y coartar el libre tránsito de personas y vehículos. Paraderos ominosos instaurados en la época gomecista bajo custodia de chácharos y espías. Perpetuados inconcebiblemente en los excesos y desmanes de los mal llamados cuerpos de seguridad de la democracia. Aduanas arbitrarias donde a cada instante se violan derechos humanos y constitucionales, de manera ignominiosa y despótica. Fondeos, indagaciones y registros vejatorios que ahora hasta se adoptan en ciertas oficinas públicas para controlar y restringir el acceso de periodistas en búsqueda de informaciones. Inicua modalidad impuesta también a las puertas de residencias y despachos oficiales por mentes cancerberas enfermizas. Alcabalas ultrajantes de amanuenses medrosos y pusilánimes. Funcionarios triviales detractores de las leyes y del mismo gobierno.
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