Opinión - 11 agosto, 2012 | 12:00 AM
Comulgar con Pascua Florida
En la Eucaristía Jesús no solamente nos ofrece pan, sino que se hace pan. El Pan Eucarístico es don, es pan partido y compartido. Partir es multiplicar. Compartir el pan familiar equivale a tener parte en toda la vida familiar. La familia comparte a diario la mesa, comparte los bienes y las tareas. Comer juntos significa mucho más que alimentarse biológicamente. Los amigos se invitan a comer. Compartir el plato en una mesa de amistad, es compartir sentimientos, ideales y propósitos. Jesús invita a su mesa familiar: su familia son sus discípulos. Somos los católicos.
El texto del evangelio de este domingo sigue profundizando la doctrina sobre la Eucaristía. Jesús es el Pan de vida. La afirmación: “Yo soy el pan bajado del cielo” creó dificultad. Los oyentes sabían que Jesús era el hijo de José y de María. Era un ser humano. ¿Cómo un ser humano puede tener categoría divina? Esta pregunta la hacían los guías religiosos del judaísmo. No nos sorprende su desconcierto. Aun hoy día, a los extraños a la fe cristiana les parece que hablamos en chino al explicar el contenido doctrinal de la Eucaristía. Que Dios se haga presente en un trozo de pan y en un vaso de vino solo es admisible teniendo fe. La racionalidad no llega a ese límite (Jn. 6, 41-51).
La respuesta de Jesús se refuerza con la afirmación de la resurrección y la vida eterna. O sea, no se clarifica la enseñanza, sino que se complica más. Los antepasados comieron en el desierto el maná, que era regalo de Dios. Pero murieron cuando les llegó la hora. “Yo soy el pan bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá eternamente”. Leyendo estos textos ahora no nos extraña que quienes escuchaban la voz del Maestro se quedaran turulatos, atónitos. O que reaccionaran marchándose. Después de dos años de reflexión teológica solo nos queda la fe para entender y aceptar la enseñanza de Jesús. Cuando algunos enfermos piden la comunión, piensan más en prolongar la vida temporal que en la vida eterna. La comunión se relaciona con la eternidad, no con vivir unos años más en la tierra.
¿Cómo se hace presente Jesucristo en los sagrarios de nuestros templos? Hace unos meses encontré en Coro una foto ampliada del obispo Manuel González. Hoy está declarado beato. Fundó en el siglo XX una Congregación de Hermanas con la misión de cuidar y fomentar el culto al Señor Sacramentado. Le dolía ver los “Sagrarios abandonados”, era su expresión, en los pueblos de Castilla y Andalucía. Estas hermanas están ahora en Falcón. Tratan de hacer viva la presencia del “Pan de vida” en nuestras comunidades católicas. En Coro mantienen una Librería religiosa, que es otro modo de acompañar y dar a conocer al Señor.
La historia religiosa no es coherente. Durante un milenio el pueblo no entendió la liturgia porque se hacía en latín. Esto llevó a la decadencia: se exigía la comunión por Pascua Florida, fecha que en Europa coincide con las flores de primavera. Se comulgaba una sola vez al año. La comunión dejó de ser “Pan de vida”. Hoy se insiste en que la misa incluye comulgar. Jesús debe ser el pan bajado del cielo para dar vida eterna a los cristianos.
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Benjamín García Fernández


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