Viernes 24 mayo, 2013 San Cristóbal/Táchira/Venezuela

Opinión - 23 abril, 2012 | 12:00 AM

El puente y el rostro de la noche

De verdad, lo ocurrido en la ciudad el miércoles en la noche parecía la película del caos, donde el tiempo apagaba los motores y encendía las alarmas. Mientras el ocaso se hundía en el silencio de los vientos, y las bisagras del puente crujían entre las aguas turbulentas, un sentimiento recorrió los poros de la piel que ya transpiraban deseos de llegar pronto a casa. Después de esa larga jornada de entrega de amor por lo que se hace y se cree, que es el trabajo, muchos emprendieron el retorno hacia la morada, sin imaginarse siquiera que la noche sería de sombras y la distancia se haría eterna.

Así, mientras el movimiento corría lento y la noche mostraba su rostro taciturno, muchos tomaron la decisión de avanzar a pie. Parecía que las mentes hablaron entre sí, y a una sola voz fueron cruzando las líneas trazadas; a pasos apurados fueron avanzando entre las luces y los carros detenidos en el tiempo. Había necesidad urgente de llegar a casa o de llegar a alcatraz, como dice mi amiga Asile. Una ligera lluvia de gotas frías e incomodas caía sobre la ciudad y las personas se protegían, algunas con paraguas y otras con piezas de cartón, inclusive se alcanzó a ver una mujer que caminaba firme y segura, protegiéndose con una chaqueta, tal vez de su amado.

Al ver todo esto que ocurría en las sombras de la noche, me imagine una película donde la Reina o protagonista atraviesa presurosa el escenario, avanzando entre los vehículos para alejarse del tiempo detenido. La lluvia arreciaba y la Reina apura el paso para luego abordar un taxi que la salvaría de los peligros de la vida.
La película seguía su curso y muchos quisieron avanzar pero no fue posible, y aunque la mejor decisión fue adelantar a pie, otros debieron quedarse para resguardar los vehículos. Poco a poco fueron pasando las horas y el caos fue adquiriendo fuerza, con un fuerte olor a peste verde. La gente reclamaba qué había pasado con la implementación del plan de contingencia, y nadie daba respuesta. Al parecer el gobierno verde no tiene respuesta para ningún tipo de problema, sino que su único pensamiento es robar y robar entre las sombras de la noche.

De esa manera, se ponía al descubierto lo falso de la consigna que la ciudad y el estado serían grandes. Realmente el gobierno quedaba colgando en las barandas del puente, y las esperanzas eran arrastradas por las corrientes del río revuelto. Igualmente quedaba fracturada la consigna de “familia, gestión y futuro”, pues la ciudad fue bañada con el rocío del caos y la familia padeció los sufrimientos de una gestión ineficiente.

A decir verdad, los funcionarios hicieron muy bien su papel y copiaron al pie de la letra el guión de no inmutarse ante lo que estaba ocurriendo, eso le daba una sensación de emoción absurda a la situación, donde lo que reinaba era el caos ante la falta del gobierno regional. A pesar de que las escenas del puente fracturado se firmaban al extremo de la metrópoli, la ciudad enfrentaba la falta de un plan de contingencia. Se vivían momentos de angustia, de desesperación, de gente atrapada durante cinco y seis horas en gigantescas colas. En el mismo momento que se informaba por las redes sociales que la Reina estaba a salvo, aparecía el gobernador inepto ofreciendo un puente colgante.
eduardojm51@gmail.com

(*) Politólogo
Eduardo Marapacuto (*)