Viernes 24 mayo, 2013 San Cristóbal/Táchira/Venezuela

Recadero - 7 mayo, 2012 | 12:00 AM

Castigo y penitencia a causa de las lluvias y la imprevisión oficial

En plena instalación de uno de los puentes de guerra sobre el puente Libertador que une los municipios Cárdenas y San Cristóbal. (Foto: Gustavo Delgado)

¡Esto es un calvario! …¡¡paso a paso!!…. ¡paso a riesgo!… ¡No puedo con estas colas!….
Estas son las expresiones protestativas generalizadas que se escuchan en voces de automovilistas y pasajeros en el último mes, a causa de las lluvias y la imprevisión oficial en las tres arterias principales que conducen a la ciudad de San Cristóbal y que desde la capital del Táchira convergen a distintas poblaciones de la región y del país.

Todo a causa del deterioro en el que se encuentran estas carreteras por los diversos problemas que golpean a esta región de montañas desde hace varios años, y que se acentuó en el último mes con el colapso del puente Libertador, para cambiar la vida de los habitantes de los distintos sectores de esta región fronteriza de Venezuela.

La crisis de la vialidad en la entidad se ha agravado a través de los años por la falta de mantenimiento en puentes, condiciones de los ríos, canalizaciones, asfaltado, entre otros trabajos que no han sido atendidos con detenimiento por los distintos gobiernos nacionales o regionales, lo cual ha provocado el colapso en los distintos sectores.

Vía alterna Barrancas-Táriba, la romería de automóviles. (Foto: Omar Hernández)

Hoy día, la división política la sufre de alguna u otra forma el pueblo, quienes son los que realmente transitan estas calles, carreteras, autopistas y vías alternas, para llegar a sus trabajos o casas de estudios, conseguir el pan de cada día, prepararse para un futuro no muy lejano en el caso de los estudiantes y, en otras circunstancias progresar profesionalmente.

Tres vías principales desembocan en la capital del estado Táchira por la zona sur, que incluye la Troncal 5 y los municipios más cercanos Torbes, Córdoba, Fernández Feo y Libertador; la arteria de la zona fronteriza, donde se encuentran los municipios Independencia, Libertad y Pedro María Ureña, la cual incluye el puente “Simón Bolívar” que conduce a la población de Cúcuta, territorio colombiano; y la zona norte que está subdividida y donde convergen los municipios Guásimos, Lobatera, Michelena y Ayacucho, la cual abarca la carretera Panamericana, y en la zona de montaña Andrés Bello, José María Vargas, Jáuregui, entre otros.

Troncal 5, zona sur del estado Táchira, sector Los Estoraques, paso al riesgo por problemas con una alcantarilla. (Foto: Tulia Buriticá)

La inclemencia de las lluvias y, al mismo tiempo, las altas temperaturas, han influido sobre las condiciones de la tierra, la calzada y los ríos, lo cual ha debilitado algunos terrenos en sectores puntuales de las tres arterias principales del estado y han provocado constantes deslaves, caída de tramos de algunas carreteras, deterioro de los puentes y socavamientos de los terrenos, así como los dos pilotes del puente Libertador, que une los municipios San Cristóbal y Cárdenas desde hace 34 años, y cuyo colapso parcial agravó aún más la situación el pasado 18 de abril de 2012.

Desde esa fecha se abrieron nuevos caminos de entrada y salida, por las distintas vías alternas hacia y desde la ciudad de San Cristóbal, las cuales tampoco están en óptimas condiciones para la mejor fluidez del tránsito automotor, incomodando enormemente a los residentes de muchos sectores.

Los testimonios son permanentes, unos madrugan desde tempranas horas para poder llegar a tiempo a sus trabajos, hay personas que lo hacen hasta desde las 4:30 de la mañana toman el contraflujo si vienen de la zona norte y llegan a Palo Gordo para salir a la Zona Industrial de Paramillo; otros desembarcan por la vía hacia Barrancas. Ambas tienen una vigilancia permanente, dándoles celeridad a las largas colas de vehículos livianos y transporte pesado.

Colas y más colas en la vía hacia Palo Gordo a toda hora.

Los conductores que vienen desde Capacho, San Antonio del Táchira y otras poblaciones, de igual manera deben agarrar carretera antes del amanecer, porque debido a las trancas que se forman en Palo Gordo y Barrancas, algunos vehículos se desvían por poblaciones como Peribeca y Zorca. Igualmente, los que viven en la zona sur, una de las carreteras congestionadas diariamente por ser una de las prioritarias a nivel nacional y en la que se ejecutan también trabajos importantes con maquinaria por la restitución de la alcantarilla en el sector Los Estoraques, en la troncal 5.

Las peripecias más comentadas son las de quienes no poseen vehículos propios y deben trasladarse en buseta, “el tiempo depende de la hora; sin embargo, las colas no se acaban; el que quiere llegar temprano debe madrugar mucho y no puede volver a su casa hasta terminadas las labores de estudio o trabajo en San Cristóbal y hasta almorzar fuera de casa y al retornar ya uno sabe que le espera la nueva cola”, dice Xerclari Orozco, quien vive en Capacho.

Los residentes de la zona norte del estado Táchira y poblaciones aledañas, revelan los tajantes cambios a los que se han tenido que enfrentar desde que toman las vías alternas para llegar a sus destinos de trabajo, diligencias personales y regresar a su hogar.

Yolimar Ascanio, quien es docente en uno de los liceos de San Cristóbal y vive en Llanitos vía Cordero, expresa que “antes de esta emergencia salía de mi casa y en 15 minutos llegaba a San Cristóbal o viceversa, ahora además de cambiar el horario al salir de mi casa, he demorado hasta dos horas en cola”.

–¿Hasta cuándo durará esto?– se pregunta Cecilia Zambrano residente de Palo Gordo, quien comenta: “en mi casa no tenemos vehículo particular, debemos salir muy temprano y las busetas demoran mucho, claro hay que comprender que las colas, en las horas pico sobre todo, son interminables y se debe ir poco a poco; pero he tenido que agarrar hasta mototaxi para venir a mi casa y hasta venirme a pie desde la Zona Industrial, porque la espera es fatal”.

Conductores provenientes de Cordero, Arjona y El Junco señalan que es mejor madrugar. “El contraflujo también ha ayudado, pero igual, si uno no madruga se congestiona todo -dijo Geovanny Pérez-. Yo particularmente subo tarde a la casa para avanzar más rápido y no agarrar las horas pico”.

Otra de las vías alternas para llegar a San Cristóbal, es el sector de Barrancas hasta llegar a la autopista Antonio José de Sucre, aclaran algunos conductores que hay vigilancia; sin embargo, al igual que en otros tramos, la romería de carros es constante.

Algunos taxistas trasladar a ningún cliente que se dirija a la zona norte, “las colas son interminables, uno pierde tiempo, se que el cliente no tiene la culpa; pero prefiero no llevar a nadie hacia la zona norte, porque la demora es mucha”, reveló uno de los conductores.

Otra persona que se ha visto afectada indicó, “yo vivo en Táriba; anteriormente por el puente Libertador en mi carro duraba entre 10 y 15 minutos, en este momento una hora aproximadamente; claro, si no agarro la cola en las horas pico. El ritmo de vida me ha cambiado y uno se va dando cuenta a qué horas fluye más el tráfico para poder retornar”, comenta desde su vehículo Omar Chacón.

Para Horacio Contramaestre, residente de la vía hacia El Zumbador, “es comprensible la situación por la que estamos pasando y se entiende que los gobiernos, tanto el nacional, como el regional y municipal están trabajando. Lo importante es que luego de colocar el puente de guerra tan esperado por todos y abierto el paso por la llamada ‘trocha’, entre Cárdenas y San Cristóbal, el mantenimiento sea permanente y aunque están divididos políticamente, deben pensar en el pueblo”.

El trasbordo de Cárdenas a San Cristóbal por donde circulan a pie, niños, jóvenes y adultos para ahorrar un poco más de tiempo y poder llegar a sus destinos ha sido un desahogo en cierta forma; pero se convierte en calamidad cuando arrecian las lluvias se llena de lodo y se empoza el agua, la incomodidad es mayor y hasta algunas personas han caído al suelo.

Los tachirenses tienen la esperanza sembrada en los trabajos de reacondicionamiento de las diferentes carreteras y municipios afectados por estos deslaves que han causado, en muchas ocasiones, la muerte de personas, el derrumbe de viviendas y, por ende, familias damnificadas.

En este momento, las personas que viven o trabajan fuera de la ciudad capital tratan de adaptarse a su nueva forma de vivir al riesgo, mientras las autoridades trabajan para responder al clamor de muchas comunidades.

Los primeros auxilios a la situación presentada con el puente de Táriba, una de las vías principales debido al socavamiento de sus bases, las atendieron de inmediato el gobierno regional y las alcaldías de Cárdenas y San Cristóbal, respaldados por los diferentes organismos de apoyo en el estado y algunos que dependen del gobierno nacional.

En este momento, y luego de decretada la emergencia en la región en Gaceta Oficial 39.910 del 26 de abril, el gobierno nacional prometió que subsanará en tres fases los trabajos de las emergencias, un apoyo necesario para este acontecimiento natural que afecta las estructuras de muchas construcciones en el estado.

Esperan los tachirenses, la consolidación de sus vías, los puentes, la reubicación de los damnificados, la atención y reparación en las zonas que se encuentran en mayor conflicto. Tarea que compete a todos, sin distinción de colores, gobierno nacional, regional y alcaldías involucradas.

En todo caso, la respuesta tendrá un poco de luz con la instalación del puente de guerra y el paso por la trocha; pero el tratamiento verá sus frutos al activar las tres arterias principales de entrada y salida al Táchira.

Mientras tanto, quienes viajan día y noche por las zonas en paso a riesgo, sueñan con retomar su rutina diaria a medida que se logre la consolidación de los trabajos, con la confianza en las autoridades que continúen con la vigilancia en las distintas vías alternas debido a la inseguridad que se pueda presentar a determinadas horas, además de que se cumpla con las responsabilidades de mantenimiento y supervisión de las labores y que las horas de calamidad de los distintos conductores y transeúntes, disminuyan.

 

María Teresa Amaya