Recadero - 19 marzo, 2012 | 12:00 AM
Guarida de abusos, vicios y vagos en la Plaza Bolívar
Desidia, desolación, drogas, prostitución e inseguridad. En medio de la muchedumbre que va y viene, de día y de noche, las cornetas de los carros son incesantes por la Séptima avenida entre calles 8 y 9 del centro de la ciudad. Escolares, vendedores, indigentes, comerciantes, universitarios, profesionales, amas de casa, poetas, malabaristas, turistas, entre otros personajes, atraviesan el lugar por los diferentes costados y pasadizos para llegar a su destino. El zumbido del viento se hace protagonista, mientras se llenan poco a poco los alrededores de la grisácea plaza Bolívar de San Cristóbal.
Desde muy temprano se observa a las personas sentarse en los bancos que rodean la plaza; algunas leen el periódico, otras fuman y miran a su alrededor pensativas; pocas consultan el celular, muchas toman café y existe el grupo de las que se instalan a laborar. Aquellas que por años han permanecido en ese lugar y lo han hecho suyo; estos personajes de la plazoleta se comparan con los temas musicales del folclor y su verdadero autor se hace casi desconocido.
Vendedores de café, té, chocolate y agua, sacan sus termos de distintos colores y se desplazan en un carrito acondicionado para ello; los limpiabotas también tienen su historia en la plazuela, madrugan para lustrar los zapatos de los clientes, que nunca faltan y se sientan en los bordes de los jardines que dan hacia la calle 9, al frente del Salón de Lectura o Ateneo del Táchira, y ahí desarrollan su trabajo todo el día.
En medio de la escena se encuentran los expendedores de chucherías, una arepera (carro móvil) instalada en uno de los canales de la Séptima avenida y las personas que alquilan celulares, quienes encadenan estos aparatos a sus pequeñas mesas, debido a la inseguridad permanente en esta zona tan transitada y parcialmente vigilada durante el día, desde el punto de prevención inmediata instalado e integrado por funcionarios de la Policía del estado, quienes hacen sus respectivos recorridos durante el día.
Gente que hace vida en la plaza realiza su faena para ganarse, como dicen muchos de ellos, “el pan diario”; para algunos es su único sustento; otros comentan que no han encontrado ningún trabajo y deben mantenerse como pequeños comerciantes o no sobrevivirán.
Los jugadores de ajedrez se concentran también desde la mañana, es el caso de Cristóbal Montoya, jubilado del ministerio de Sanidad, quien se instala allí desde hace casi 40 años.
Describe que el ajedrez es un deporte ciencia a nivel mundial y enriquecedor. “Es una barrera contra el vicio, la delincuencia y las drogas, y a mí me ha servido de terapia y, además, he hecho muchos amigos aquí”. Otros jugadores acostumbran a jugar este deporte y se incorporan luego de las 2 de la tarde.
Algunos peatones y vecinos de este espacio se acercaron al equipo periodístico para expresar el peligro en que se convierte la plaza en horas de la noche, específicamente luego de las 6 de la tarde, cuando comienzan a ausentarse los funcionarios policiales y muchas personas, que no son del sector y sin escrúpulos, se hacen “dueñas” de las cuatro esquinas y de los rincones que quedan desolados y totalmente oscuros.
Muchos se convierten en los ojos de la noche. Los testimonios de testigos señalan que unos roban, algunas mujeres jóvenes se prostituyen hasta altas horas de la madrugada; otros negocian con estupefacientes clandestinamente y un cuarto grupo ha tomado la plaza principal de la ciudad para pernoctar, al no tener un lugar donde dormir o simplemente por vicio, mientras la inseguridad crece a los alrededores.
Al amanecer el espiral circula sin detenerse y todo se convierte en una rutina. La plaza Bolívar, a primeras horas del día está sucia, hay mugre por todos lados, debido a la cantidad de basura que muchas personas irresponsables botan en los sitios no apropiados, aun cuando hay cestos colocados en el área, que se ve opaca y ciertamente manchada por la falta de lavado de la plaza y sus alrededores, que si tuvieran un mejor mantenimiento, a la vista sería otra cosa, y hasta la estatua del Libertador Simón Bolívar pasa desapercibida para muchos.
Luego de las 9 de la mañana hay obreros que se encargan de barrer y acondicionar el lugar, que debería mantenerse limpio, si todos los que caminan por este espacio de la ciudad tomaran conciencia y observaran este patrimonio como herencia de los tachirenses y no simplemente como una plazuela,. Las autoridades, regionales y municipales, deberían prestar mayor atención a este bien de la capital tachirense.
Emblema que se deteriora cada vez más por la falta de mantenimiento y enseñanza a los ciudadanos, para que un emblema como este sea cuidado y respetado.
Habitantes naturales
Hay seres especiales que sí le dan vida a este sitio, tal vez por su inocencia e ingenuidad. Se observan en distintos ambientes dos perezosas, que se adueñaron de algunos árboles; la familia de ardillas, una iguana, las palomas y el perro “Torombolo”, la mascota de todos los que laboran durante el día y primeras horas de la noche.
Estos animales son alimentados y protegidos por las personas que trabajan en la plaza, su nobleza los ha llevado a acercarse a sus guardianes y son los más atractivos del lugar; en los árboles los animales tienen su sitio apropiado para comer; pero ellos descienden con confianza y reciben el bocado.
Una de las características de la plaza Bolívar es la jardinería, que se encuentra seca por la falta de riego y alimento a las plantas, seres vivos que así lo requieren; la conservación haría de estos jardines la viva imagen de una ciudad bien cuidada.
Los diferentes jardines se observan ciertamente limpios y encerrados para su protección; pero con la necesidad de recibir mayor atención para que el brillo de las hojas y plantas sembradas forme parte de un verdadero adorno, digno de admiración.
En sus inicios, la plaza Bolívar estaba ubicada en la denominada plaza Juan Maldonado, que era en ese tiempo el centro de San Cristóbal. Por decreto del presidente del estado, general Régulo Olivares, fue inaugurada en el año 1912. Durante muchos años, en las famosas retretas se formaron los músicos de todas las orquestas tachirenses, estos conciertos se realizaban todos los jueves y domingos, en la noche.
Luego de 100 años, este patrimonio del estado Táchira tiene a su lado el Centro Cívico y numerosos centros comerciales, además de pequeños comerciantes que hacen vida activa a su alrededor; muchos de ellos no se encuentran bien ubicados, por lo que necesitarían de un sitio adecuado para ellos, con condiciones propias para depositar la basura y de esta manera brindarle un mayor espacio a la principal plaza de la capital del Táchira.
María Teresa Amaya
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