Sábado 25 mayo, 2013 San Cristóbal/Táchira/Venezuela

Recadero - 30 abril, 2012 | 12:00 AM

Sitiado el Táchira por la inseguridad

Las autoridades recomiendan tomar precauciones cuando se retire dinero de los cajeros automáticos.

Eran las cuatro y media de la mañana, Carmen Ramírez (nombre ficticio para proteger la identidad de la víctima) dormía plácidamente como cualquier día. Su esposo, de profesión taxista, se había despertado temprano como lo acostumbraba para salir a trabajar a eso de las cinco de la mañana. Carmen nunca imaginó que se despertaría con una pistola apuntándole a la cara.

—Los ladrones le habían hecho seguimiento a Pedro (su esposo), se metieron por una reja de la casa y llegaron hasta el estacionamiento donde se encontraba dispuesto a salir. Lo ataron y después fueron habitación por habitación. Sometieron a mi hija de 18 años y a mi hijo de 20. Nos maniataron, amordazaron, golpearon y apuntaron con un revólver para inmovilizarnos—relató Ramírez.

Lamentablemente la familia Sánchez Ramírez pasó a ser parte de las estadísticas, en un país en el cual la inseguridad es un tema que se vive a diario y como problema social es algo que afecta a todos los venezolanos por igual. Ciertamente la delincuencia no distingue género, edad, raza, color político y mucho menos nivel socioeconómico.

Choferes del transporte público han denunciado que a diario se cometen muchos atracos en sus unidades. Mariana Contreras

El modus operandi de someter a las familias en sus propias casas se ha incrementando en los últimos años. Por ello, no sorprende el relato de la señora Carmen, ya que como el de ella hay cientos más de personas que han tenido que soportar que los delincuentes los sodomicen en sus propios hogares, mientras van cargando los objetos de valor en sus propios vehículos para luego huir.

—Dos horas de angustia vivimos a merced de personas muy agresivas. Es terrible revivir esa pesadilla, donde querían violar a mi hija y mi esposo tuvo que enfrentarse al tipo, resultando herido producto de los cachazos que recibió en la cabeza. Uno queda traumatizado y con miedo, pensando que van a volver. La tranquilidad no se recupera—comentó afligida la señora Carmen.

No hay persona que no haya sido víctima de la delincuencia, o por lo menos conozca a alguien que sí. Los delitos van desde asaltos, atracos, secuestros hasta homicidios. En el caso de los asaltos se han convertido en acontecimientos comunes para los venezolanos, bien sea para robar prendas de oro, teléfonos celulares (en especial los blackberry) o dinero en efectivo.

Ingrid Moncada (nombre ficticio) fue víctima de un asalto hace año y medio, cuando estaba de compras en una perfumería en La Concordia, donde ella supone que el delincuente le hizo seguimiento y la alcanzó hasta su vehículo.

Muchas veces los ladrones viajan en las unidades de transporte y, cuando salen del Terminal, someten a los pasajeros.

—Cuando estoy metiendo las bolsas en la parte de atrás del carro, sentí un jalonazo. Me dijo: arrímate y si gritas te mato, mientras me hacía presión con algo en la espalda. Quedamos los dos en el puesto del piloto, era muy violento y todo el tiempo me amenazó. Se llevó mi celular, las prendas que cargaba puestas, el radio del carro y el dinero que tenía. Pensé que me iba a llevar con carro y todo.

Afortunadamente no fue así -indicó-, el ladrón salió del carro y se fue caminando como si nada hubiese pasado. Era la primera vez que Moncada era víctima del hampa. Su reacción no fue más allá de darle al ladrón lo que le pedía. Contó que incluso se orinó del susto y el trauma que le quedó después de esta experiencia se refleja en cada quehacer de su vida.

—Le tengo pavor a los motorizados, y si se estacionan a mi lado en un semáforo, ando azarada. Conozco muchos casos de amigos que han robado parados en los semáforos, los apuntan y despojan de prendas y celulares. Ahora ando más pendiente de las personas a mi alrededor, y trato de ser precavida para no darle papaya a los ladrones.

Otro tipo de asalto muy común que se observa en Táchira es el que se realiza a las afueras de los bancos. Miles de personas han sido atracadas y despojadas del efectivo que recién retiraron de una entidad bancaria, por lo cual las víctimas argumentan presunta complicidad con los cajeros. Para Javier Escalante, la experiencia fue muy desagradable.

clonación de targetas

—Al cobrar el cheque de mis vacaciones cometí el error de retirarlo todo. Salí del banco y quedé en verme con mi esposa en un restaurante cercano. Cuando me senté a esperarla entró un tipo que me apuntó con un arma y me pidió el dinero. El cajero me había dado dos fajos, uno lo guarde en el pantalón y otro en la chaqueta. Le di el que tenía en el pantalón, pero también me pidió el que tenía en la chaqueta.

Como Escalante, otras personas han sido atracadas por pocas o cuantiosas sumas de dinero. En las noticias se han informado incluso de atracos a ancianos para quitarles el dinero de su pensión o de personas que, al retirar efectivo de los cajeros automáticos, han sido abordadas por sujetos armados que les piden el dinero y luego huyen en motos.

Ahora, si se habla de secuestros, es uno de los flagelos que más víctimas ha cobrado en las zonas de frontera, y el Táchira no escapa de esa realidad. Al contrario, despunta como una de las entidades donde más secuestros se cometen al año. Roberto Paredes fue víctima de un secuestro tipo express. A la fecha desconoce si fue algo fortuito o si le venían haciendo seguimiento.

Una noche salió de su trabajo a eso de las 9. Su esposa lo llamó para decirle que le llevara algo de comer porque no había cenado. Paredes condujo su vehículo hasta el barrio Las Flores para comprar pollo frito. Señaló que se bajó de su camioneta y entró al local, la dependiente no lo atendía porque había mucha gente. En cuestión de minutos el ensordecedor bullicio se convirtió en un silencio sepulcral.

—Cuando volteo a ver que pasó hay un tipo apuntándome con una pistola y me dice: dame las llaves de la camioneta, mientras el otro tipo sometía a las personas que estaban en el restaurante. Bajo la mirada, le entrego las llaves y me dice: te vas conmigo. Le insistí que no y me tomó por un brazo y me metió en la parte de atrás de la camioneta colocándome la pistola en el cuello.

Acotó que esas dos horas que lo ‘ruletearon’ antes de soltarlo, lo trataron con mucha violencia y lo despojaron del celular, dinero, cartera e incluso de su anillo de bodas. “Iba agachado en la parte de atrás con los ojos vendados, maniatado y con el temor de que me matarán. Les supliqué que no lo hicieran porque tenía hijos pequeños. Y me decían: tranquilo, que te vamos a soltar”.

Tres alcabalas pasaron los delincuentes en la camioneta de Paredes con él secuestrado y en ningún punto de control los detuvieron. “Me abrieron la puerta del carro y me dijeron lánzate, y yo les dije para dónde si no veo. Luego sentí una patada en mi espalda y rodé 20 metros en un barranco. Luego de una hora pude soltarme las ataduras de manos y pies y pedir auxilio a los vecinos”.

A Roberto lo dejaron en el Hiranzo, parte Alta. Una semana después, los delincuentes llamaron a su casa para exigir rescate por la camioneta. Como en su carro había papeles personales y, temiendo pudieron dar con la dirección de su casa, alertó a los vecinos de su urbanización y cambiaron la frecuencia del portón eléctrico así como las cerraduras de su vivienda.

—Es una experiencia horrible sentir que otra persona tiene el derecho de quitarte la vida. Definitivamente no me compré otra camioneta porque es muy ostentoso para los ladrones, tengo un carro pequeño y me volví más malicioso. Si un carro me seguí por más de dos cuadras, trató de despistarlo o dar vueltas hasta asegurarme de llegar a casa sin problemas—apuntó.

También hay episodios de robos colectivos tal como ocurrido recientemente en un bodegón en Barrio Obrero, donde los ladrones estaban tomando café y sometieron a todos los clientes en el interior del establecimiento a punta de armas. O en la iglesia “San José” durante Semana Santa, donde en plena eucaristía entraron a robar a los feligreses, despojándolos de sus pertenencias.

Igualmente se dan los casos de robos en centros comerciales, unidades y paradas de transporte, edificios, universidades, hospitales y pare usted de contar. Y es que cuando un problema social como la delincuencia se expande, de la manera que lo ha hecho en los últimos años, es sumamente difícil escapar de ella y prácticamente imposible evadir esta dura realidad venezolana.

Mariana Contreras