Sucesos - 10 agosto, 2012 | 12:00 AM
Asesinada una verdulera en su casa por 2 presuntos sicarios
Una ama de casa que acostumbraba vender verduras en el mercado de Táriba, una vez a la semana, fue asesinada de tres tiros en el rostro, por dos presuntos sicarios que irrumpieron en su residencia, en el barrio Santa Lucía, vía al llano, a las afueras de San Cristóbal.
Martha Janet Sanguino Garcés tenía 25 años de edad y, junto a su pareja y dos hijos pequeños, residía en la calle principal, parte alta de barrio Santa Lucía, sector El Corozo, municipio Torbes.
Este miércoles, poco antes de las 9:00 de la noche, Martha Sanguino estaba en la sala de su casa junto a su padre y la pareja de este, que habían ido a visitarla como habitualmente lo hacían, en razón de que viven cerca.
Según Orlando Sanguino, padre de la víctima, el hijo mayor de ella, de apenas 11 años, despreocupado jugaba en la calle, cuando repentinamente irrumpieron en la casa dos desconocidos que, sin mediar palabra, se dirigieron a la mujer y le dispararon.
Informó Orlando Sanguino que todo pasó en cuestión de segundos. Recuerda que observó cuando los dos hombres entraron a la casa, pero jamás llegó a pensar cuáles eran las intenciones que llevaban.
“Le dispararon y se fueron. No reconocí a ninguno de ellos. La casa de mi hija queda en una especie de tapón, y si los tipos huyeron en moto, la dejaron a considerable distancia de la vivienda, tal vez dos o tres cuadras, porque nosotros no escuchamos arrancar ninguna. El niño de 11 años, que estaba jugando en la calle, regresó rápidamente y vio a su madre malherida”, añadió.
Dijo que, sin perder tiempo, el esposo de su hija la tomó entre sus brazos y con apoyo de alguien que conducía un vehículo rústico, la trasladó de emergencia al Hospital Central.
Por momentos, los médicos lucharon y lograron arrebatársela de las garras a la muerte, incluso superó un paro respiratorio, pero se dijo que las lesiones causaron mucho daño, y pocas horas después, murió en el quirófano.
Orlando Sanguino pidió justicia, que la muerte de su hija no quede impune; aunque confía más en la justicia divina.
Aseguró que la víctima no tenía problemas de ninguna índole, y tampoco enemigos conocidos, de allí que ignora el móvil del crimen.
La policía científica se trasladó a la casa donde ocurrió el crimen, colectó evidencias consideradas como de interés criminalístico y conversó con los testigos del hecho, a fin de dar inicio a las averiguaciones respectivas. (MB)


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