Sin rastro de los últimos desaparecidos en el Táchira

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Ersa de Jesús Villamizar.

Ersa de Jesús Villamizar.

Anderson Yanfre Beltrán.

Anderson Yanfre Beltrán.

Yúnior Alberto Jiménez Colmenares.

Yúnior Alberto Jiménez Colmenares.

Norberto González.

Norberto González.

Sin rastro, sin pistas de ninguna naturaleza, permanecen cuatro personas reportadas como desaparecidas, durante los últimos cuatro meses en el estado Táchira, casos estos que se supone están siendo investigados por las autoridades policiales y militares de la entidad.

Mientras esto ocurre, la angustia y la incertidumbre de sus respectivas familias no tienen fin; indagan, preguntan, visitan hospitales, estaciones de policía, y ruegan día a día para que sus seres queridos regresen a casa.

Solo entre octubre de 2013 y enero de este año, de manera pública se conoció de la  desaparición de cuatro hombres.

El primero de los casos corresponde a la extraña desaparición de un comerciante avícola y un mecánico de vehículos que, el 6 de octubre de 2013, salieron de la frontera colombo- venezolana hacia la zona norte del estado, específicamente en el kilómetro 82 de Orope.

Se trata de Norberto González, de 73 años de edad, comerciante avícola, residenciado en el barrio Simón Bolívar de San Antonio del Táchira, y su amigo, el mecánico de carros,  Ersa Jesús Villamizar, de 48 años, quien tiene su domicilio en Villa del Rosario, Norte de Santander.

El día que desaparecieron misteriosamente, González fue a buscarlo a su casa y ambos emprendieron camino a Orope, pues Villamizar cada cierto tiempo inspeccionaba allí una parcela de su propiedad. Viajaban en un Chevrolet, Aveo, cuatro puertas, negro, año 2013, placas AF164KM, el cual también está extraviado.

Se confirmó que, antes del mediodía de ese domingo 6 de octubre, estuvieron en la zona norte, específicamente en Coloncito, pues vía telefónica así lo informaron a sus familiares. Más tarde, cerca de las 4 de la tarde de ese mismo día, estuvieron almorzando en  un restaurante de Coloncito, llamado El Rosario, las cámaras de seguridad del establecimiento así lo grabaron.

Los acompañaba una tercera persona que, al ser contactada por la familia, indicó que efectivamente almorzaron juntos, pero que ellos se fueron de esa población luego de comer. Que le habían dicho que no llegaron hasta la parcela porque el paso estaba malo y no podía transitar ese tipo de vehículo en que iban.

Una hora más tarde, a las 5, según el chip de gasolina, el Aveo fue surtido de combustible en  una bomba de Colón, la cual, contradictoriamente, no abre los domingos. Hasta la fecha, no se tiene ningún indicio de ellos.

Otro caso similar, en el que se perdió toda huella, es el de  un comerciante, socio de un bar de Coloncito, que salió de su casa y nunca regresó. Hoy cumple 3 meses de estar desaparecido. Anderson Yanfre Beltrán Galvis, de 28 años de edad, tiene su residencia en  la calle principal de La Palmita.

Su prolongada ausencia ha causado desesperación entre sus seres queridos, que inútilmente han indagado en distintos lugares a donde pudo haber ido a parar, como hospitales y estaciones policiales; incluso han acudido a la morgue del Hospital Central, pero la respuesta es la misma, allí no está.

El teléfono celular del comerciante sigue apagado. Vestía una franela azul con rayas blancas, con un dibujo en el centro; pantalón azul claro, llevaba una gorra gris y azul, y calzaba zapatos deportivos azules, la última vez que lo vieron.

Sobre su suerte se han corrido varios rumores, entre ellos que lo han visto deambular por  la zona, pero nadie ha ofrecido con precisión una información confiable.

La desaparición  más reciente es la de un estudiante de bachillerato que, luego de recibir una llamada telefónica, salió de su casa en el barrio Genaro Méndez y no regresó más.

Yúnior Alberto Jiménez Colmenares, de 19 años de edad, estudia cuarto año de bachillerato por parasistema en el liceo Simón Bolívar. El jueves  23 de enero, en horas de la tarde, el muchacho recibió una llamada telefónica y seguidamente dejó su casa. No dijo quién lo había llamado, ni a dónde iba.

Su familia, al igual que las demás, efectuó las respectivas denuncias ante los organismos de seguridad, pero hasta el momento no ha habido respuesta alguna.

Miriam Bustos